jueves, 11 de septiembre de 2008

Bartolomé Mitre sin duda no es un Callejero, hace cuatro años que no sale a la calle..

Dios que estás en los cielos, o en todas partes, realmente no me queda muy claro: recurro a tu siempre pasivo y abierto oído porque siento que mientras “Bailando por un sueño” aumenta progresivamente su rating muchos que deberían ser escuchados parecen lobos aullándole desesperadamente a la luna.
Tu que lo ves todo ya debiste de haber notado que la calle Bartolomé Mitre se encuentra cerrada y ahora pasó a ser un irritable y obstaculizante santuario en memoria de las victimas de la tragedia de Cromagnon, ocurrida el 30 de diciembre del 2004.
Estoy enterado que estás muy ocupado y que no soy el único que recurre a tu escucha para hablar de los indignantes problemas de gestión y autoridad, en este caso, que sufre mi país. Por lo tanto voy a hacerte una breve introducción histórica de lo que pasó aquella triste fecha. Los seguidores del grupo “Callejeros” fueron a ver a sus ídolos en un recital en el barrio porteño de Once, más precisamente en el boliche “República de Cromagnon”, nombre que pasó a convertirse en el recordatorio de uno de los “accidentes” causados por la inconciencia y la falta de compromiso por la vida, más grande de nuestros tiempos. Cuando un asesino arrojó una bengala (luego de los previos avisos de la banda para que no las arrojaran) que se incrustó en el inflamable techo del boliche provocando un incendio que le arrancó las vidas a casi 200 personas que no pudieron huir a tiempo de un lugar superpoblado, con las puertas de emergencia cerradas y no señalizadas y con una improvisada guardería en los baños, entre otras vergonzosas falencias que poseía el establecimiento y lo hacían inhabilitable.
El dueño del comercio, el empresario Omar Chabán, era un potencial asesino (como tantos que no estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada), y su propiedad donde debía ocurrir una fiesta se transformó en una ratonera donde muchos de los que lograron salir a tiempo del infierno murieron a causa del monóxido de carbono emanado por las paredes del boliche al entrar nuevamente a salvar a sus compañeros, amigos y familiares.
Las tristes secuelas de Cromagnon nos van a quedar grabadas a fuego y espero, Dios, que se haga justicia en el juicio. Aunque estoy indignado porque es evidente que en Argentina todavía se imponen los impulsivos antes que los racionales. Cortar una calle donde pasaban diez líneas de colectivos por más triste y terrible que haya sido Cromagnon, es primero mezclar las cosas y segundo, el más claro ejemplo de la calamidad de gestión y autoridad de nuestros ex – Jefes de Gobierno, Aníbal Ibarra y Jorge Telerman.
Hoy, año 2008, hay intentos de correcta gestión por parte del actual Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, quien confirmó que la calle Bartolomé Mitre, entre Jean Jaurés y Ecuador que se ha mantenido cerrada desde la tragedia se reabrirá para el transito vehicular únicamente y se creará un espacio para la memoria, lo cual no solo es insuficiente sino también ridículo que transiten autos y no peatones.
Dios, te pido que ilumines algún cráneo con cerebro que pueda, después de cuatro años, destrabar esa arteria de Once que está bloqueada y se cree un espacio para la memoria que no interfiera con la vida cotidiana de todos los que tenemos que pasar por esa zona. Amén.
Por Bruno M. Bordonaba

2 comentarios:

Coki dijo...

Estoy de acuerdo con la idea.
Parece que el argentino necesita estorbar al otro para dar un mensaje.
Como pareciera que nadie escucha y solo piensa en sí mismo, hace falta molestarlo. Así sabemos que somos escuchados.

Lo veo como un grito urbano.

Templete dijo...

exelente nota. Ya hace bastante que piden que abran esa calle, pero parece que los gobernantes de la ciudad no se enteraron bien del "problemita". El dolor de las pérdiads no tiene que nada que ver con la circulación del tránsito, como lo reflejaste en la nota.

Saludos.